Los atletas olímpicos cada vez hablan más de ello sin pudor. Y es que detrás de los Juegos Olímpicos ocurren otro tipo de encuentros y competencias físicas que algunos califican como las Olimpiadas sexuales. En Londres el Comité Olímpico entregó a los deportistas 150.000 preservativos, un 50% más que en Pekín.

La cifra equivale a 15 condones por atleta para un evento que dura 17 días. Desde Barcelona (1992) se impulsó la idea para prevenir enfermedades como el sida pero el número de preservativos ha ido aumentando al igual que las historias sexuales que se filtran de las villas olímpicas.

«Hay mucho sexo. He visto gente teniendo sexo en público, en los jardines, entre los edificios, casi en cualquier lugar. Los Juegos Olímpicos son una experiencia única y todos quieren llevarse algo y el sexo está incluido», comentó Hope Solo, portera del equipo de fútbol femenino de EE.UU. al canal de deportes ESPN en un especial donde se aborda lo que muchos ya intuían: que la práctica de sexo entre deportistas de élite es habitual e incluso frecuente

Para el nadador estadounidense Eric Shanteau es algo perfectamente normal. En la villa olímpica se reúnen miles de los cuerpos más atléticos y cuidados del mundo (más de 10.000 en Londres) llenos de energía convirtiendo el lugar «en el crisol más salvaje y bello que he visto en mi vida», detalló el deportista.

Su compatriota Ryan Lochte afirma que «el 70% de los deportistas practica sexo durante los Juegos», mientras que el waterpolista Tony Azevedo describe la experiencia en la villa olímpica como «el primer día en la universidad, todos intentan conocer a alguien».

A partir de ahí las historias de puertas semiabiertas, de atletas que desfilan semidesnudos por los pasillos o de pruebas de resistencia, pululan por la villa olímpica.

Antes o después de las competencias

Uno de los hitos de estas Olimpiadas paralelas lo protagonizó el tirador estadounidense Josh Lakatos en Sidney (2000). Después de que terminara los juegos, el comité olímpico de su país le pidió que entregase las llaves de los tres apartamentos donde se alojaba el equipo de tiro.

Lakatos no quería irse, sabía que el espíritu festivo iba a tomarse la villa así que abrió las puertas de los dormitorios para los que quisieran acercarse. Los apartamentos se llenaron de atletas de todas las nacionalidades. «A la mañana siguiente todo el equipo femenino de relevo de algún país escandinavo salía del lugar cuando el día anterior las habíamos visto competir», comentó el deportista al canal ESPN.

La fiesta continuó durante ocho días.

En la clausura los entrenadores miran para otro lado pero durante los Juegos tratan de limitar las actividades en la noche con toques de queda a partir de las 11 p.m. en los que se prohíben el consumo de alcohol o las visitas.

El desafío para muchos atletas es controlar sus impulsos, detalla Solo. “Si no tienes disciplina la villa olímpica puede ser una gran distracción”, admite la deportista.

En Sidney el lanzador de peso y medalla de bronce John Godina compartió cuarto con un lanzador de jabalina. «A medida que pasaban los días la puerta de la habitación parecía giratoria. Entraban todo tipo de atletas. Era como Las Vegas y uno aprende a no hacer preguntas», comentó el atleta.

 

 

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