«Playboy ha enfrentado una dura batalla con la competencia de internet. Pero mientras los gustos generacionales han cambiado, el señor Hefner aún no ha perdido su amor por las rubias ni tampoco por su revista». Así resume un columnista del diario New York Times la caída del imperio que tiene como símbolo la cabeza de un conejo y que Hugh Hefner empezó en 1953, con una revista que ayudó a liberalizar la sexualidad del puritanismo en Estados Unidos. Una publicación que llegó a vender 7,1 millones de copias al mes y que en sus años de gloria mezclaba los textos de escritores como Vladimir Nabokov (Lolita) o Doris Lessing (El cuaderno dorado) con entrevistas a Martin Luther King o John Lennon con Yoko Ono, y con fotos de Marilyn Monroe -la primera portada-, Kim Basinger o Farrah Fawcett con poca ropa, pero nunca sin nada-nada de ropa. Junto con las famosas «conejitas». Las Playmates, que con aún menos inhibiciones, muestran sus encantos en las páginas centrales.

Pero con la llegada de internet, con su oferta de contenidos de tipo erótico en fotos y videos gratis, la edición cayó en picada y la baja publicitaria no se ha podido parar. El declive comenzó en 1999. Y no remontó. La última baja en circulación fue de 2,6 millones a 1,5 millón de ejemplares al mes.

Para paliar los más de cuatro millones de dólares de pérdidas anuales, hubo despidos y se licenciaron a terceros algunos negocios del conglomerado, que incluye la revista, clubes y un canal de televisión, entre otros.

En la Mansión Playboy, en Los Angeles, California -un lugar de dos mil metros cuadrados, con 29 habitaciones, piscinas, cascadas y hasta una gruta con jacuzzis donde figuras como  Elvis Presley alojaban con más de una compañía-, se redujo el personal. De las invitaciones sólo a personalidades de fama y poder, ahora por 10 mil dólares se puede comprar una entrada para una de las fiestas con el toque Playboy. Aunque algunos visitantes han dicho que hoy la mansión «huele a moho». Además, Hefner debió vender la casa contigua, que ocupaba su ex mujer, la ex «conejita» Kimberly Conrad, en 18 millones de dólares en 2009, 10 millones menos de la oferta que esperaba, para hacer frente a las pérdidas. Y su hija mayor, que se ocupó del negocio durante 20 años, renunció en 2008.

Su vida por una revista


El veterano ha confesado que si deja la revista, «se muere». El fundador tiene 84 años y sigue tomando todas las decisiones de importancia. Eligiendo a las Playmates. Editando las portadas desde el borde de su cama. Seleccionando las cartas que serán publicadas. Vestido con la bata de levantarse y las pantuflas que convirtió en su uniforme y símbolo de su hedonismo. Sus actuales puestos son «redactor jefe» y «gerente creativo». Y ha asegurado que Playboy «no está en juego y no está en venta». Que los jóvenes de hoy no han sabido apreciar su aporte a la cultura. Por eso, además, está empeñado en volver a ser el único dueño del reino que se convirtió en una compañía pública y que cotiza en la Bolsa desde 1971.

Su deseo peligra desde hace más de una semana, cuando el grupo Penthouse -que lleva el nombre de la revista creada en 1965 y que se convirtió en competencia de Playboy, pero con fotos que iban al extremo- ofreció 210 millones de dólares por el imperio de las «conejitas». Hefner entró en pánico. El controla una parte de las acciones, aunque no figura en el directorio de la compañía. Reunió 185 millones de dólares, asociándose con el inversor financiero Rizvi Traverse Management LLC, y los ofreció para comprar las acciones que no posee. Y convertir a Playboy en una empresa privada. Con un único dueño. El.

Se justificó explicando que está «preocupado» por el futuro de la revista, por la marca que creó y por el peligro que corre la línea editorial que sigue poniendo en práctica desde hace 57 años. Con momentos que han sido celebrados. Como cuando el historiador Alex Haley entrevistó a personajes como Martin Luther King, en 1965, o a Malcolm X. En 1976, un entonces candidato presidencial Jimmy Carter confesó que «he cometido adulterio, en mi corazón, muchas veces». Y en 1980, una entrevista a John Lennon y Yoko Ono apareció por los días en que el ex Beatle fue asesinado en Nueva York. Mientras que, entre 1966 y 1976, Playboy publicó textos de una serie de escritores como John Updike, Joyce Carol Oates, Michael Crichton, Irwin Shaw, John Irving y Nadine Gordirmer. Hefner sigue ese camino y, en 2009 compró un extracto de El original de Laura, novela que Nabokov no terminó y que estaba sin editar, para hacerlo conocido en su revista.

Un paso tarde
El editor convirtió Playboy en un icono cultural. En sus páginas, junto con las mujeres alimentando fantasías de manera explícita,  habló contra el racismo y la homofobia y defendió derechos civiles. Aunque no pudo renovarse. Se niega. Y sólo hace unos días la revista pareció dar con una novedad en el ciberespacio al presentar The Smoking Jacket, una página web con los contenidos de la publicación, pero sin desnudos. Para que cualquiera en la oficina pueda ver Playboy sin que una rubia en paños menores, o sin paños, salte desde la pantalla. Un paso dado tarde.

Por eso columnistas y analistas de medios de Norteamérica dudan que Hefner pueda recobrar el mito. Según el mismo New York Times, algunos de sus cercanos creen que perdió el poder que tenían editorialmente. Que ya no influye. Y algunos critican la testarudez del hombre de ocho décadas que aprendió a usar Twitter para teclear mensajes como «esta noche voy a jugar con las chicas», o contar qué cóctel beberá antes de dormirse. Un personaje que mantiene sus creencias y las filosofía que lo lanzaron a la fama, que a los 84 está saliendo con una rubia de 24 años llamada Crystal y que sigue creyendo que la mujer «es un objeto sexual».

Así lo repitió esta semana en una entrevista con el diario australiano Herald Sun. «Aún creo que las mujeres son objetos sexuales… No es que sólo sean eso, pero si no hubiera géneros que se atrajeran el uno al otro, no habría una nueva generación… Y en cuanto a las ‘conejitas’, hoy son un icono», explicó. A su manera.

Sea como sea, quien NO QUIERE ser Hugh Heffner?

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